Agua y abastecimiento
La distribución de agua potable sufrió de cortes principalmente en las regiones del Maule y el Biobío, donde menos del 15% de la población estaba abastecida durante las primeras horas del terremoto; en las regiones menos afectadas, los cortes fueron sectorizados, llegando la Región Metropolitana a tener 96% de abastecimiento normalizado y la Región de Valparaíso, un 75%. La reposición del servicio se gestionó rápidamente y ya, al 2 de marzo, las regiones V, VI, IX y Metropolitana tenían más de un 95% de reposición, mientras el Maule presentaba un 62,1% y el Biobío, un 43,8%, totalizando un 87,5% a nivel nacional. En estas dos últimas regiones, se proporcionaron camiones algibes para abastecer a la población, cubriendo un 11% del país a cinco días del terremoto. La cobertura se amplió llegando casi a su totalidad en las regiones menos afectadas a una semana del terremoto y sobre el 90% en el Maule; sin embargo, en el Biobío, la cobertura sobrepasó el 70% recién a diez días del evento sísmico y localidades como Arauco, Dichato y Lebu carecían de distribución normal hasta dos semanas después producto de la destrucción de la infraestructura necesaria. En gran parte del Gran Valparaíso, en tanto, se debió realizar un corte programado entre el 9 y 11 de marzo para poder reparar el acueducto Las Vegas, que presentaba graves fallas
Respecto a la alimentación, no se vivieron grandes problemas respecto al abastecimiento de elementos agrícolas esenciales aún cuando el terremoto impactó en el llamado “granero de Chile”, el conjunto de regiones más importantes en la producción nacional. Según el Ministerio de Agricultura manifestó que no existían problemas en el suministro de trigo, debido a que casi la totalidad de la cosecha ya se había realizado en las regiones del centro-norte, aunque dos tercios de ésta en las regiones del centro-sur habían sufrido retrasos por el movimiento telúrico. En tanto, el abastecimiento de trigo estaba asegurado para la fabricación del pan a nivel nacional, teniendo únicamente problemas en la distribución por los problemas asociados al transporte y la energía. La producción de leche, en tanto, no sufrió grandes trastornos al estar en una zona no afectada mayormente por el sismo. El abastecimiento de carnes tampoco sufrió grandes problemas, en parte por el alto impacto de las importaciones en el mercado nacional, registrándose problemas derivados del alza en las demanda del producto tras el terremoto, lo cual impactó levemente en los precios.
La distribución de gas domiciliario no sufrió grandes problemas. En las zonas afectadas, aunque se rompieron algunas cañerías y se produjeron algunos incendios, las redes resistieron sin daños en su mayoría. Los combustibles, en tanto, no enfrentaron problemas en su distribución al contar con reservas autónomas de hasta dos semanas de gasolina y de diez días de diésel; sin embargo, la población de varias ciudades se abalanzó en las estaciones de servicio para asegurarse combustible, generando largas filas. Sin embargo, los daños que sufrieron algunas refinerías obligaron a que la Empresa Nacional del Petróleo decidiera aumentar las importaciones de combustibles para asegurar su oferta energética; en tanto, el envío de gas natural desde Argentina se duplicó para poder aliviar la demanda de diésel con fines de generación eléctrica.
Telecomunicaciones
Los servicios de telefonía sufrieron graves problemas durante las primeras horas del terremoto, especialmente debido a la congestión de llamadas generadas, las cuales llegaron a superar 10 veces el tráfico de un día normal y cerca de un 90% de los terminales intentaban llamar de forma simultánea. Debido a que no existieron daños de consideración respecto a la infraestructura, las líneas de telefonía fija comenzaron a recuperar su normalidad en las horas posteriores, reaccionando en general mejor que la telefonía móvil, que estuvo varios días sin servicio. Así, el 3 de marzo, las regiones V, IX y Metropolitana tenían niveles de reestablecimiento de la telefonía fija cercanos al 95% contra un 85% de la celular, mientras en el extremo opuesto, la VIII Región tenía de un 45% respecto a la fija y de un 25% en la celular. Dos días después, la telefonía fija y móvil estaba en buenas condiciones en casi la totalidad del país, a excepción del Biobío (con un 81% de fija y 58% de móvil). Sin embargo, la reposición del sistema telefónico, especialmente el móvil, se vieron afectados por un nuevo colapso tras el sismo del 11 de marzo y sus réplicas. La Subsecretaría de Telecomunicaciones estableció una serie de lugares en la VII y VIII regiones destinados a proveer comunicaciones a las personas afectadas, mientras las compañías de telefonía nacional otorgaron beneficios especiales y servicios gratuitos a sus usuarios.
Respecto al servicio de internet, este estuvo funcionando prácticamente sin problemas durante las primeras horas del terremoto, especialmente el servicio de internet móvil. Sin embargo, en las horas posteriores, se registraron problemas en algunos servidores nacionales y NIC Chile debió operar únicamente con los servidores DNS secundarios ubicados en el extranjero, dejando a Chile prácticamente incomunicado con el exterior. En las horas posteriores, el servicio se normalizó de la mano con la reposición de las redes telefónicas y de electricidad, aunque los daños en diversos data centers dejaron inoperativos varios sitios web nacionales, incluso por varios días.
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